jueves, 30 de junio de 2011

O mais grande do mundo

Habría que comenzar a traducir al chino esa frase con que los brasieños gustaban de autodenominarse. El crecimiento de China sorprende y asusta. Hoy 30 de junio, en un solo día, se han inaugurado tres obras de ingeniería que en cualquier otro país ocuparían los titulares durante largo tiempo.
La primera y la más visiblemente importante es la inauguración oficial del tren super rápido entre Beijing y Shanghai. China ya tiene varias líneas con trenes de alta velocidad (que superan los 400 km/h), pero este tramo entre las dos ciudades más grandes e importantes del país era una deuda de los ferrocarriles chinos. Aún así, la obra se terminó un año antes de lo programado y ya se puede hacer en cinco horas el tramo de 1.318 km que antes tomaba unas 12 horas.



La siguiente obra inaugurada hoy es el puente Qingdao-Haiwan, en la provincia de Shandong, al este del país. Éste es el puente marítimo más grande del mundo, con un total de 42,58 km, uniendo tres puntos sobre la bahía de Jiaozhou y acortando en más de 30 km la distancia entre sus dos puntos principales, la ciudad de Qingdao y el distrito de Huangdao. La obra tardó cinco años en construirse, pero su reinado promete ser corto ya que las autoridades chinas anunciaron que otro puente le arrebatará el récord en 2016: la nueva obra unirá Hong Kong, Macao y el sur de la provincia de Guandong, con un largo de 50 km aproximadamente.

Y para rematar el día, la empresa estatal PetroChina inauguró el gasoducto más largo del mundo, que atraviesa diagonalmente todo el territorio chino, desde el extremo noroeste hasta la ciudad de Guangzhou en la provincia de Guangdong (Cantón), en el sureste, con un largo total de más de 8.700 km.
Los chinos parecen no tener límites. Se nota que de chicos no les hablaron de la Torre de Babel…

lunes, 27 de junio de 2011

De las tejas a los pinceles

Apenas entrando a la parte sur de la ciudad, no muy lejos de la plaza Tian’Anmen, se encuentra la calle Liulichang, que durante las dinastías Yuan (1271-1368) y Ming (1368-1644) albergaba las fábricas de tejas laqueadas de color rojo (de donde deriva su nombre en chino), que cubrían los techos de palacios, templos y casas de la nobleza. A partir de la dinastía Qing (1644-1911) se instalaron mercaderes de curiosidades y vendedores de libros antiguos, y la calle fabril lentamente se fue convirtiendo en bazar de caligrafía, pintura, escultura y todo tipo de arte tradicional chino.
Hoy la calle está restaurada y convertida en peatonal, y a pesar del toque “turístico”, sigue manteniendo las tiendas con todo lo necesario para practicar esas artes: papeles, pinceles y tintas especiales para caligrafía y pintura tradicionales, sellos tallados en piedra (que en la China son un arte en sí), instrumentos musicales, además de tiendas de antigüedades (verdaderas y falsificadas, claro), pinturas y esculturas, y algunas casas de subastas especializadas en arte chino antiguo.

 Efímera caligrafía con agua en el suelo.

Cientos de tipos y tamaños de pinceles para caligrafía y pintura china.


 Antigüedades reales, antigüedades falsas y vejeces.

Instrumentos de música tradicionales.



Calígrafo ejerciendo su arte.

lunes, 13 de junio de 2011

Por qué Confucio

A fines de marzo fue reabierto el Museo Nacional de China, luego de dos años de reparaciones y ampliaciones. Acompañando esta reapertura, el gobierno chino inauguró en la puerta norte del museo una enorme estatua de bronce de Confucio, el gran pensador chino que vivió entre los siglos VI y V a.C. y que marcó durante más de dos mil años la filosofía, la política y la educación del país.
La colocación de esta estatua fue tema de polémica. Confucio y sus ideas fueron combatidos desde el Partido Comunista Chino, especialmente en la época de la Revolución Cultural del presidente Mao, por representar a una China feudal y esclavista. Pero las cosas han cambiado mucho desde la muerte de Mao, y la “apertura” que el PC chino puso en práctica desde principios de los años 80 vuelve a poner a Confucio en un lugar de importancia: no sólo está la estatua (situada en un lugar más que simbólico: el museo es el más grande del mundo, y está al costado de la Plaza Tian’AnMen, donde se encuentra el mausoleo de Mao); Confucio da nombre también al instituto oficial de enseñanza del idioma y cultura chinos en el mundo (siguiendo el modelo del Goethe Institut o la Alianza Francesa).
Más allá de la evidente importancia de Confucio en la cultura china, ¿por qué el gobierno comunista lo erige como el ícono cultural después de haberlo negado?
Hay varias posibles respuestas.
La primera ya la subrayé varias veces en este blog: el gobierno comunista de hoy bien lejos está de las ideas y los tiempos de Mao.
Por otro lado, si bien existe una religión ligada al pensamiento confuciano, en realidad Confucio fue uno de los pensadores más laicos y seculares de China. Su pensamiento apunta siempre a la práctica (no le preocupa el “¿quién soy yo?” de los griegos sino el “¿qué tengo que hacer?”), y esa práctica debe estar orientada a mantener un equilibrio social. Es decir: exactamente lo que busca el gobierno hoy. Y que cada uno esté en su lugar cumpliendo su función, como bien lo dijo Confucio: “Que el gobernante haga de gobernante, el ministro de ministro, el padre de padre, y el hijo de hijo”.
Confucio fue un gran educador, y la tradición que él dejó marcó por siglos la educación oficial china, siendo los confucianos los redactores y jueces de los complicadísimos exámenes imperiales, que decidían quiénes podían y quiénes no podían ser funcionarios de la enorme burocracia imperial. Algo parecido sucede hoy con quienes quieren formar parte del Partido Comunista y a partir de allí del aparato estatal.
El pensamiento ético de Confucio enfatiza el amor y el respeto por el otro al mismo tiempo que se debe cumplir con los deberes personales, familiares y con el Estado. Este mensaje de respeto a la autoridad y de orden social encaja a la perfección en estos tiempos en que la sociedad china atraviesa tremendos cambios que pueden alterar la armonía propuesta desde el gobierno.
Feudal o no, Confucio y sus enseñanzas siempre fueron útiles al poderoso y centralista Estado chino; Estado que fue así de poderoso y de centralista ya en su época imperial como bajo el régimen actual.

domingo, 5 de junio de 2011

Danza de la lluvia


Ya hace unos cuantos años visité por primera vez la provincia de Jujuy en el noroeste argentino. Pocas horas después de llegar a la ciudad de Humahuaca, donde comenzaba nuestro recorrido por la región, comenzó a llover. Como turistas maldijimos el fenómeno meteorológico que nos obligaba a estar bajo techo o salir y empaparnos. Pero la gente del lugar parecía feliz y agradecida de que, junto con nosotros, llegara también el aguacero. Sucede que en la Quebrada de Humahuaca y en gran parte de la Puna no había llovido en dos años, a pesar de ser un clima con estación húmeda y estación seca. Las cosechas se habían perdido dos temporadas seguidas y el agua escaseaba en ciudades y pueblos. La razón de esta sequía no había sido un capricho de la naturaleza, sino la interesada mano del ser humano. No lo podía creer pero era cierto: durante dos años habían estado lanzando misiles a la atmósfera para evitar las lluvias y poder así completar sin obstáculos la construcción de un gasoducto que atravesaba la región.
Yo conocía la tradición de la cruz de sal para evitar la lluvia, pero esto de los misiles era para mí una novedad atroz.
Por eso no me sorprendió cuando hace unos meses, al poco tiempo de llegar a Beijing, se largó un diluvio que, todos me decían, era “provocado”. Igualito, con misiles, el gobierno chino hace llover o brillar el sol según la necesidad del momento. Es normal que en ciertas épocas del año estas lluvias provocadas sean también programadas: una vez a la semana el cielo se desploma y al rato se despeja nuevamente.
Por el contrario, cuando necesitaron sol, lo tuvieron y bien radiante: el día en que vino el Comité Olímpico Internacional para decidir si le daban a Beijing la sede de los juegos de 2008 (obviamente, lo lograron) o el 1º de octubre de 2009, cuando se celebraba con pomposos desfiles y un cielo casi artificialmente azul el 60º aniversario de la fundación de la República Popular China.
En la antigua mitología china, el dragón era una de las criaturas más importantes y veneradas, y entre otras cosas era el dueño de todas las aguas. Una de sus representaciones, Yinglong, era el dios de la lluvia, y a él se ofrecían oraciones y sacrificios para que cayera o dejara de caer el agua del cielo. En la China atea de hoy, las plegarias y sacrificios son reemplazados por misiles.


Esta manipulación del clima me hace pensar en el efecto mariposa, la teoría del caos y la entropía. Sobre todo en estos tiempos de cambio climático y catástrofes naturales. De hecho, la noticia de estos días en China es la tremenda sequía en la cuenca del río Yangtze y las inundaciones en el sur. ¿Es que ahí no llegan los misiles de Beijing? O tal vez el dragón Yinglong esté bien enojado con los miembros del Partido.