Apenas entrando a la parte sur de la ciudad, no muy lejos de la plaza Tian’Anmen, se encuentra la calle Liulichang, que durante las dinastías Yuan (1271-1368) y Ming (1368-1644) albergaba las fábricas de tejas laqueadas de color rojo (de donde deriva su nombre en chino), que cubrían los techos de palacios, templos y casas de la nobleza. A partir de la dinastía Qing (1644-1911) se instalaron mercaderes de curiosidades y vendedores de libros antiguos, y la calle fabril lentamente se fue convirtiendo en bazar de caligrafía, pintura, escultura y todo tipo de arte tradicional chino.
Hoy la calle está restaurada y convertida en peatonal, y a pesar del toque “turístico”, sigue manteniendo las tiendas con todo lo necesario para practicar esas artes: papeles, pinceles y tintas especiales para caligrafía y pintura tradicionales, sellos tallados en piedra (que en la China son un arte en sí), instrumentos musicales, además de tiendas de antigüedades (verdaderas y falsificadas, claro), pinturas y esculturas, y algunas casas de subastas especializadas en arte chino antiguo.
Efímera caligrafía con agua en el suelo.
Cientos de tipos y tamaños de pinceles para caligrafía y pintura china.
Antigüedades reales, antigüedades falsas y vejeces.
Instrumentos de música tradicionales.
Calígrafo ejerciendo su arte.
Me gusta tu blog, es entretenido, original y muy interesante, no me extraña que lo escriba un argentino viajado.
ResponderEliminarSalud
Y pensar que hasta hace 3 semanas estaba dando vueltas por ahí...
ResponderEliminar